El rol del profesor ante el impacto de las nuevas tecnologías

 

Felicidad Loscertales Anbril

Universidad de Sevilla

 

 

Al comienzo de este nuevo Congreso Edutec, ya consolidado como un foro importante, quizás uno de los mejores, sobre las nuevas tecnologías y sus usos educativos, esta ponencia quiere ofrecer una aportación desde la perspectiva de la Psicología Social de la Educación. Serán unas ideas para la reflexión; para que los profesores que en estos días vamos a estar estudiando sobre nuevas tecnologías, ilusionándonos con mejorar gracias a las posibilidades que nos brindan y aprendiendo, para ello, su manejo y sus aplicaciones no nos olvidemos de nosotros mismos ni de la dimensión humana de nuestra tarea. Seguramente ese es el camino por el que mejor nos van a servir estas nuevas tecnologías sobre las que estaremos hablando estos días.

 

Consideraremos en primer lugar quienes somos. Dicen los expertos en relaciones humanas que si quieres ganarte a una persona has de hacerle hablar de sí misma porque sin duda ese es su tema favorito. Nuestro punto de partida básico será la pregunta: ¿Qué es ser profesor en la sociedad actual? y va a contestarla una breve revisión histórica sobre cómo se han configurado la tarea, la profesionalidad y la personalidad del docente de hoy. Es interesante saber de dónde partimos y cuáles son las raíces y orígenes de la situación actual y cómo se define en ella la función social de los docentes.

 

Justamente situándonos ya en el momento histórico presente aparece con brillo rutilante el protagonismo de las nuevas tecnologías. Pero ¿qué es eso de nuevas tecnologías? Tenemos que ver que nos ofrecen en el mundo de la educación y analizar los conceptos básicos que surgen de esta interacción. Un enfoque desde la perspectiva de la Psicología Social de la Educación nos muestra la tecnología como instrumento, pero ¿para qué y manejado por quién?

 

Partiendo de las realidades objetivas que nos muestran el rápido camino recorrido desde las escuelas sin luz ni calefacción a la conexión generalizada a Internet hemos de llegar también a los múltiples problemas que se han generado: personales, institucionales, deontológicos y hasta legales.

Considerando las múltiples facetas que se perciben en el desempeño del rol docente con relación a las nuevas tecnologías podremos profundizar en estos problemas. Facetas importantes en relación con el profesorado al que volveremos, cerrando el círculo para seguir considerándolo protagonista... gracias a las nuevas tecnologías.

 

1. Qué es ser profesor en la sociedad actual

 

Mirando la función docente proyectada en el individuo que la realiza aparece como un rol social, concreto, una profesión. ¿Qué es, entendido así, un trabajo profesional? Trabajo es toda actividad productiva que representan un esfuerzo para quien la realiza (por eso es "trabajo") y que, al ser productiva, es necesaria a la sociedad que a causa de ello la remunera. El tema de la remuneración es interesante y seguramente es el aspecto que más decisivamente diferencia al trabajo profesional de las actividades voluntarias (hobbies, ocupaciones artísticas, tareas asistenciales, benéficas o de caridad, etc.). En efecto, es la remuneración la que define el hecho de que la sociedad necesita esas tareas y paga por ellas haciéndolas obligatorias y creando responsabilidades al trabajador. De hecho un sociólogo definiría el trabajo como "venta del propio tiempo": la persona que trabaja lo vende a quien le emplea.

 

Pero la sociedad no sólo paga en la materialidad de lo económico, sino en una dimensión más total, la de la concesión de un determinado estatus social, y la de un rango especial dentro de ese estatus. Un grado más elaborado de actividad laboral es el tipo "funcionario" el más institucional de los trabajos sociales.

Pero profesión es algo mucho más hondo y decisivo todavía desde el punto de vista personal. Quien tiene una profesión ha "profesado" en un determinado estilo de trabajo, en un cierto modo de ver y entender el mundo y de situarse vivencialmente en ese mundo. Quien así "profesa" realiza su personalidad más auténtica sintiéndose gratificado altamente con ello. Se hace más persona y siente que su identidad profunda y su proyección al mundo se armonizan coherentemente. Al mismo tiempo, como percibe que su actividad es esperada y necesitada por la sociedad recibe un segundo nivel de gratificación al satisfacer esas expectativas sociales; nivel de gratificación que subraya y confirma su imagen ideal personal.

 

El desempeño de la función docente responde a una amplia gama de valores sociales que dan por supuesto la consideración positiva de las dimensiones culturales porque la docencia es, ante todo, cultura en el más amplio de los sentidos. En la ideología social (sea ésta del color que sea) se observa que los objetivos de la educación y las convicciones del educador deben coincidir en una misma cosa, a saber, transmitir una cultura y unos saberes valorizados conforme a lo que en esa sociedad es bueno y deseable, ya que la Pedagogía como todas las ciencias sociales y humanas se define por criterios relativos y contingentes a la civilización, la cultura y la sociedad particulares en las que existe, y no según criterios de universalidad como las ciencias físicas o matemáticas.

La figura docente, por lo tanto, tiene unas raíces históricas muy remotas tanto como son remotas las raíces de nuestra cultura. Pero, sin embargo, el origen inmediato del sistema educativo actual y del rol del profesor tal como hoy se le conoce tiene aproximadamente un siglo y medio de existencia y se remonta a la gran construcción burocrática napoleónica que dejó ya la enseñanza dividida en Primaria, Media y Superior definiendo sus niveles y objetivos.

 

Con la Revolución Francesa las clases medias acaban de conquistar un puesto en la sociedad, definiéndose como tales y aislándose oficialmente de "el pueblo" (hasta entonces no se habían considerado más que los tres estamentos clásicos: nobleza, clero y pueblo llano) del que de hecho estaban separándose hacia mucho tiempo. Es importante tener en cuenta que en el momento post-revolucionario las clases medias van a acabar de constituir y definir un estilo vital propio del que hasta ahora habían carecido.

Napoleón, cuyas capacidades organizativas han sido quizás oscurecidas por su genio militar, fue el cerebro formulador y sintetizador de este impulso de la creciente burguesía; él, personalmente, igual que su familia y colaboradores, y otros muchos de sus contemporáneos, representa el más completo paradigma del nuevo ciudadano que encuentra y aprovecha numerosas oportunidades de movilidad social sin detenerse ante barreras de clase. Y es dentro de este movimiento innovador y creador dónde aparece una nueva idea de la enseñanza. Hasta ese momento la educación sistematizada de herencia medieval era sólo universitaria, o más aún, clerical-universitaria. La cultura institucional era, efectivamente, cosa del clero (tanto en cristianos, como en judíos y musulmanes) en toda Europa. No se había pensado en una educación primaria para toda la población (porque no la necesitaba como bagaje de supervivencia) como tampoco le era necesaria a la clase nobiliaria que tenía su propio circuito privado de formación.

 

Ahora las clases burguesas van a crear la Educación Primaria para su nuevo nivel social (luego generalizada para toda la población escolar) y la enseñanza Media o Secundaria, como forma instituida de acceso a la Superior o Universitaria que así dejará de ser clerical y abrirá ampliamente sus puertas a los laicos. Sólo por extensión (becas, ayudas, etc.) se dejará participar en este proceso al pueblo llano. Piénsese que, aún en la actualidad, sólo está aceptada y definida la idea de la democratización total en la llamada Educación Obligatoria que abarca la Primaria y parte del nivel Secundario. El acceso a la Universidad implica asimismo unos estudios secundarios pero fuera del tramo obligatorio, el Bachillerato. En resumen toda una estructura de formación gestada dentro de una completa ideología socioeducativa.

 

Precisamente la creación y organización de esa ideología fue el mejor síntoma de la gran vitalidad de la joven clase media. Apenas nacida, hace nacer también el instrumento que la va a mantener viva y la va a perpetuar como cuerpo social; un vigoroso sistema educativo (atención a la palabra "sistema") sólidamente mantenido por la gran organización estatal y burocrática de Napoleón, y consolidado en la mentalidad fuertemente activa y proyectada hacia el futuro de una clase sin rémoras históricas, pero que en lo cultural se enraizó en los principios filosóficos y científicos de las más puras tradiciones europeas y por ello grecorromanas.

A este panorama hay que añadir el incremento progresivo de la ciencia moderna que, a partir del Renacimiento, y en una increíble línea ascendente, ha desembocado en la actual caracterización científica y tecnológica de la vida contemporánea, con una amplia incidencia en los planes de estudios y estilos de enseñanza.

Finalmente, en los más recientes tiempo, el fenómeno "masificación" ha originado de cara al mundo de la educación, toda una nueva serie de necesidades y urgencias sociales semejantes a las que llevaron a Napoleón a crear el Sistema Educativo vigente hasta hoy y que fue el sistema de las clases medias. De forma similar a lo sucedido alrededor de la Revolución Francesa y el reconocimiento social de las clases medias, el mundo de hoy está viviendo una serie de revoluciones y crisis que están dando paso a una nueva y más equilibrada estructuración del cuerpo social.

 

Así es como va naciendo el nuevo concepto y los nuevos contenidos de la educación actual que ya se autodefine como democrática obligatoria y gratuita. Todo lo cual, a su vez, originó la sistemática de roles docentes vigente hoy: El "Maestro de Escuela" el profesor, o profesora, porque en este nivel las mujeres son mayoría, que atiende a la Educación Primaria. Y que aunque es, sobre todo "la seño" de la infancia, va siendo ya, con otro concepto más actual, el profesional que se ocupa de los niveles básicos de la enseñanza obligatoria. En la Enseñanza Secundaria el profesor es ya especialista en una materia. Sufre la comparación con sus colegas y tiene que contrastar su personalidad con sus alumnos, adolescentes y jóvenes que buscan, con dificultad y agresividad, el camino hacia la madurez. Por su parte, el docente universitario tiene el prestigio y la aureola del nivel científico de la Universidad, en teoría el más alto, pero está sometido a la mirada crítica de un alumnado constituido por personas adultas que pueden aceptarlo o rechazarlo, incluso con violencia.

 

En resumen, la actividad profesional docente se ha definido hasta el momento actual, basando sus raíces más profundas en la cultura clásica y conformándose tal cual está ahora mismo en los acontecimientos políticos, sociales y científicos de los últimos ciento cincuenta años.

Sin embargo, en la actualidad no cabe ninguna duda de que exige entre los propios profesores y en todos los ambientes con ellos relacionados una clara conciencia de vivir una etapa de transición por lo que respecta a la forma en como se concibe el rol docente. Las nuevas tecnologías de las que hoy se ocupa este Congreso no son ajenas a esta situación cuyos parámetros se podrían plantear en torno a tres cuestiones básicas:

 

- Qué concepto del hombre y de la realidad social están presentes.

- Con qué metodología y recursos didácticos se trabaja para la consecución de ese tipo de hombre y de sociedad.

- Qué frutos se obtienen; cómo es, en su más amplio sentido, la cultura resultante.

 

Por lo que respecta a los docentes, si atendemos a las dimensiones técnicoprofesionales de su profesión, en una primera aproximación se encuentran los mismos elementos que en líneas generales sirven para definir cualquier actividad profesional:

 

a) Objetivos a lograr, tema en el que se implica problemáticas tan amplias como la del ideal de hombre en formación, el tratamiento del saber a transmitir y el modelo de sociedad en que todas estas actividades se van a llevar a cabo.

b) Elementos humanos implicados, con una atención especial al tema de la comunicación educativa entre profesores y alumnos; una relación que engloba tan rica dinámica que ha de ser estudiada desde muy distintas perspectivas científicas.

c) Métodos, recursos y materiales a emplear que, en el caso de la educación, constituye el denso campo de las didácticas ampliado con la metodología social y las nuevas tecnologías de tan prometedor futuro.

d) Resultados obtenidos con el análisis de los mismos y el feed back consiguiente.

 

Un estudio más profundo de la función docente conducirá al interrogante sobre lo que representa para el protagonista (nunca mejor empleada esta palabra si recordamos la etimología de la palabra y el significado de agonía) como constitutiva y definitoria de su personalidad. En segundo lugar, el interrogante sobre lo que es en cuanto a las tareas a desempeñar frente a los alumnos y la realidad escolar (instrucción, control, manejo de la clase, función terapéutica y formadora) y, finalmente, en un tercer circulo concéntrico, habrá que preguntarse acerca de la dimensión social de esta profesión.

 

Ahondando en las, ya mencionadas, raíces grecorromanas de nuestra cultura oigamos a Quintiliano hablar del maestro, el cual:

"Debe poner el mayor empeño para que su conducta sea irreprensible y preserve de todo daño a los años tiernos y su circunspección les contenga: lo primero de todo el maestro revístase de la naturaleza del padre, considerando que le sucede...

No tenga vicio alguno ni lo consienta en sus discípulos; sea serio pero no desapacible, afable sin chocarrería... ni sea iracundo, ni haga la vista gorda en lo que requiere enmienda; sufrido en el trabajo, constante en la tarea, pero no desmesurado. Responda con agrado a las preguntas de los unos y a los otros respóndales por si mismos. En alabar los aciertos de los discípulos no sea escaso ni prolijo, lo uno engendra hastío del trabajo, lo otro confianza para no trabajar" (Hernández Ruiz, 1963: 74).

 

2. Las nuevas tecnologías en mundo de la educación

 

Si se consideran los conceptos básicos: técnica y sobre todo tecnología, se han de ver como palabras de uso muy actual, pero no por ello menos complejas. La noción de Representaciones sociales, uno de los tópicos de trabajo más específico de la Psicología Social, no servirá como marco explicativo porque la amplia polisemia de estas palabras viene de lejos en la historia del conocimiento humano.

Ya Aristóteles habla de cinco virtudes o destrezas que debe poseer el ser humano: el deseo, como capacidad de ejercer la voluntad; el amor, como expresión de los afectos; el pensamiento, como la posibilidad de conocer y razonar; la técnica, o capacidad de hacer con arte y destreza; y la evaluación (discernimiento), que ayuda a poder decidir rectamente.

 

En este sentido, hay un primer concepto, el de Tecnología Educativa que se puede entender como todo el conjunto de saberes, habilidades y destrezas que un docente necesita para desempeñar su trabajo con eficacia y ¿por qué no? con satisfacción. En cierto modo tendría una serie de confluencias semánticas con términos como: didáctica, metodología, y otros próximos. Incluso aquél, ya tradicional, de "metodología didáctica" que acuñó Renzo Titone en 1960 y que estudiamos las primeras generaciones de titulados en Pedagogía. No son lo mismo, está claro, pero se pueden relacionar entre sí.

 

Sin embargo, también e inevitablemente, la palabra tecnología lleva a la noción de "cacharrería", de aparataje... Y cuando se habla de nuevas tecnologías ya es otra cosa, diferente y específica. Se piensa entonces en un conjunto importante de recursos sofisticados que facilitarán la tarea profesional, en nuestro caso de los docentes. En líneas muy generales, según afirmó Sáenz Vaca en los cursos de El Escorial de 1998, parece que las diversas líneas tecnológicas que pueden ser aplicadas a la educación y la información se están configurando como un conjunto definido por:

a) El uso generalizado de los circuitos electrónicos de muy alta integración y circuitos opto-electrónicos.

b) La digitalización de la información.

c) La informatización extensiva de las tecnologías.

 

No obstante, si recurrimos a la memoria histórica que tanto relativiza nuestras actitudes y saberes, podremos comprobar cómo un día fueron nuevas tecnologías, o al menos tecnologías nuevas, el arco y las flechas, la pólvora, una noria árabe, el reloj de cuerda, la máquina de vapor y hasta aquellas "computadoras" que tenían el tamaño de un autobús... Así podríamos denominar con el nombre de nueva tecnología a cualquier "ingenio" que haga más sencillo y eficaz el trabajo humano o que incluso lo sustituya. Pero no sólo eso, sino que esté dirigido eficazmente al logro de los objetivos. En caso contrario serían tecnologías superfluas por las que se pagaría el tributo del papanatismo ante el progreso mecánico-industrial. Se podría afirmar que lo que las valida es el hecho de cubrir una necesidad de forma más rápida, más eficaz y más barata. Así es como se ha producido el actual desarrollo tecnológico generalizado a todas las actividades sociales.

 

¿Sucede así en los contextos educativos? Desde luego, un enfoque de los términos tecnología, educación, profesorado desde la perspectiva de la Psicología Social de la Educación presenta a las tecnologías como instrumento, pero ¿para qué y manejado por quién?

Dejemos estas preguntas a la reflexión de los profesionales aunque una anécdota reciente puede ser muy ilustrativa: en una entrevista a Camilo J. Cela, después de uno de los premios recibidos, el periodista le preguntaba cómo era su sistema informático, dando por hecho que utilizaba un ordenador para su trabajo de escritor. "No, no -dijo Cela- yo siempre uso para escribir esos cuadernos que tienen por detrás la tabla de multiplicar..."

 

Aunque Cela, desde su genialidad, pueda permitirse escribir en esos dichosos cuadernos en los que tantos borrones hicimos los demás mortales, las realidades tecnológicas del mundo de hoy, están ahí. En una rápida progresión se ha pasado desde las escuelas sin luz ni calefacción, desde los vetustos caserones de los institutos o las sombrías aulas universitarias de principios de siglo, a la conexión generalizada a Internet. Ello nos demuestra que las necesidades educativas pueden estar mejor servidas gracias a la presencia de las nuevas tecnologías.

 

La infancia y la juventud no se extrañan ya de nada y asumen el diálogo con estos ¿aparatos? con una agilidad extraordinaria. Los mayores... también, aunque quizás algo más despacio. Y es que una característica muy especialmente ligada al concepto de nuevas tecnologías, que es probablemente el que las hace nuevas y diferentes, es su complejidad conceptual, instrumental y de manejo que requiere al mismo tiempo de una preparación exacta y ajustada y de grandes dosis de originalidad, libertad y creatividad. No solamente son instrumentos para "hacer algo" (que siempre tienen una base material y unas reglas de manejo) sino que también son en sí mismas un objeto de conocimiento y desarrollo que ha generado profesiones específicas con todo su aparato académico y socioeconómico.

 

Es importante asimismo considerar los problemas ligados a la presencia de las nuevas tecnologías que son muy variados y complejos. En los personales está ya descrito el estrés laboral específico (Loscertales, 1996) que tiene un amplio abanico de consecuencias, desde las meramente patológicas hasta las de tipo organizacional. Un ejemplo son las prejubilaciones de aquellas personas que no pueden adaptarse a los nuevos estilos de trabajo (o se las califica así). Menos grave, pero muy frecuente es la ansiedad por falta de preparación y falta de tiempo para aprender. Una anécdota, que no por ello causa menos perturbaciones, es la espantosa traducción de algunos manuales de instrucciones que convierten a las máquinas en "chismes inexplorables".

 

Como contraste se comprueba que la adicción está empezando a amenazar a amplios grupos de usuarios. Los adultos pasan horas "enganchados" y es bien conocida la plaga de los videojuegos en las edades infantiles y juveniles que daña, entre otras muchas cosas, su vista, su capacidad de aprendizaje y su interés por el aire libre; sin dejar de lado el daño que causan al bolsillo de sus padres.

 

Parece igualmente que las nuevas tecnologías configuran distintas formas de pensamiento, porque su especial forma de manejo exige un cierto cambio en los procesos discursivos. Se está ya considerando con cierta preocupación el que la población infantil y juvenil se habitúe de forma casi exclusiva al diálogo con los instrumentos tecnológicos con el peligro de abandonar las estructuras del pensamiento lógico para trabajar solamente con procesos analógicos. Igualmente, la excesiva cantidad de información (velocidad y sobreabundancia) que llega por canales electrónicos puede ser un serio peligro ya que podría desconcertar y fomentar la pasividad. Estos temas, no obstante, deberán ser investigado cuidadosamente por psicólogos y pedagogos antes de que se puedan hacer afirmaciones definitivas.

 

Otro campo de problemas es el organizacional tanto en instancias estatales y administrativas como en cualquier otro tipo de organizaciones laborales: las nuevas tecnologías requieren altos costes económicos y su implantación no está exenta de dificultades burocráticas. Hasta hace muy poco tiempo, para cualquier tarea profesional bastaba con conocer sus fundamentos científicos, pero ahora hay que conocer también el manejo de los "nuevos aparatos" y los fundamentos tecnológicos que permitan su instrumentación y puesta en práctica.

Más al fondo podemos encontrar serias dificultades éticas y deontológicos: tecnos versus ethos, el cambio por el cambio: ¿está, realmente, la sociedad necesitada de estas nuevas tecnologías porque ya tiene cubiertas necesidades anteriores en importancia o en urgencia? ¿O serán quizás las nuevas tecnologías las que contribuyan a responder a estas demandas que hasta ahora habían quedado instáisfechas? Christopher Dawson habló ya en 1962 del mito de Frankestein: el caso de una civilización que ha sabido crear unas importantes tecnologías "de punta" sin haber acertado a crear al mismo tiempo los marcos éticos y normativos que las hiciesen adecuadas para la mejora global de la sociedad. Y hay que poner mucha atención a los mitos, antiguos y modernos; ellos tienen una función esclarecedora de la mente social porque son los que ponen de relieve las bases de nuestros pensamientos y motivaciones más reales y profundas.

 

Otro problema igualmente grave es la existencia de un preocupante vacío legal para afrontar el amplio número de formas de delincuencia ligadas a las nuevas tecnologías. Pueden citarse como ejemplos muy variados la piratería informática, los problemas de acceso a lo privado o secreto o la pornografía infantil en Internet. Sería muy de desear que, por esta vez, los poderes legales se dieran más prisa que los delincuentes. De hecho ya se están creando unidades especializadas.

 

Después de esta rápida panorámica nuestra reflexión, ya que se centra en el profesorado, ha de llevarnos al desempeño del rol docente y su consiguiente reacción ante la presencia de las nuevas tecnologías.

El concepto de rol se acuña en la Psicología Social para explicar la conducta del individuo como respuesta a las expectativas sociales. Para entender de qué, o mejor, de quién estamos hablando hay que partir del concepto de rol profesional como respuesta a las expectativas sociales sobre la acción laboral. Quien desempeña un rol tiene que ocupar una posición y recibir un estatus si ha desempeñado sus acciones de acuerdo con las demandas que haya percibido en las expectativas que se emiten sobre él. Expectativas que llevan implícitos unos objetivos que son los que ha de realizar (hacerlos reales) quien asume la tarea de desempeñar el rol de que se trate.

 

El rol en la Psicología del las organizaciones se considera como la unidad básica estructural del grupo. Es por lo tanto la estructura de roles la que va a definir a un grupo o equipo de trabajo frente a otras agregaciones humanas menos consistentes y significativas. Rocheblave Spenle en 1969 lo define como "un modelo organizado de conductas relativo a determinada posición del individuo en un conjunto interaccional" (pág. 172).

Ahora bien, lo más importante, la esencia del desempeño de un rol profesional está en la percepción que el sujeto tenga de las expectativas que se le emiten, en qué demandas oye y en cómo se siente capaz de desarrollarlas. Por eso esta breve reflexión aplicada a la profesión docente, al desempeño del rol de profesor nos va a llevar a las diversas formas en que los profesores interpretan su labor y sus funciones. Y naturalmente y como eje central de lo que estamos hablando, a reflexionar sobre algo que todavía, en algunos foros sociales, aparece como una hipótesis: si es que en la tarea profesional docente se incluye la presencia de estas nuevas tecnologías que son objeto de este Congreso.

 

Porque si hablamos de expectativas sociales lamentablemente hemos podido comprobar que, en las desideratas sobre la función docente, no se incluyen demasiado aspectos muy relacionados con las nuevas tecnologías. En una investigación que dirigimos junto al Dr. Cabero Almenara, publicada en 1998 por la Universidad de Sevilla con el título "¿Cómo nos ven los demás? La imagen de los profesores y de la enseñanza en los medios de Comunicación Social", hemos podido comprobarlo. Y, dado que una conferencia inaugural no es el mejor sitio para los abrumadores datos estadísticos sólo daremos un pequeño ejemplo: el ABC del viernes 23 de octubre de 1998 publicó, en la sección Tribuna Abierta, un artículo de Antonio Pascual sobre "los desafíos tecnológicos". Siendo el autor, catedrático universitario, alude a la modernización que suponen las nuevas tecnologías y la investigación científica aparece en último lugar en una relación de cuatro elementos en la que está precedida por "la modernización de las empresas, las infraestructuras tecnológicas, y la asimilación y uso social de estos avances". La enseñanza como tal aparece en quinto lugar en la relación de algunos de los aspectos vitales que son modificados por la constante evolución de las tecnologías, textualmente: "las relaciones interpersonales, las transacciones comerciales y financieras, la producción industrial, la enseñanza, el ocio, etc.". Aunque también es cierto que el autor propone que la Universidad debe llegar a ser uno de los más importantes focos de investigación en este terreno, parece evidente que no se ve a la enseñanza en general como uno de las campos pioneros en nuevas tecnologías.

 

Sobre las diversas apreciaciones de los profesores, que van a producir diversos tipos de desempeño profesional, queremos traer aquí un testimonio muy relacionado con lo que piensa y siente la sociedad: el cine. Es uno de los mejores reflejos de lo que la sociedad piensa de sí misma, o desea, o proyecta. Basándonos en una investigación que tenemos en curso sobre lo que el cine muestra de los docentes y de la enseñanza hemos diseñado, de forma muy elemental, una tipología "pasada" por el cine con personajes y actitudes en el mundo académico que se ofrecen como reflejos y proyecciones del "imaginario colectivo".

 

En esta tarea, hemos podido delimitar, a grosso modo, tres posibles tipos o formas en que los profesores afrontan la docencia en relación con la presencia de las nuevas tecnologías. La fuente es nuestra base de datos en la que tenemos aproximadamente doscientas películas sobre temas de enseñanza:

 

a) El profesor no incluye ni tiene en cuenta a las nuevas tecnologías.

b) Las nuevas tecnologías han suplantado y absorbido al rol docente.

c) El profesor utiliza las nuevas tecnologías en el desempeño de su rol.

 

En un primer tipo, mucho más frecuente de lo que podemos creer, el profesor no incluye a las nuevas tecnologías ni las tiene en cuenta en su trabajo.

Puede ser un buen profesor con sus ideales profesionales y una correcta escala de valores. El ejemplo que proponemos es El Profe de Cantinflas que proclama su amor pedagógico al decir "allá donde haya un niño que enseñar, allí ha de ir el maestro volando". Él sabe lo que hace y eso está de acuerdo con lo que quiere hacer, pero trabaja en una escuelita de pueblo en la que los únicos recursos didácticos son la pizarra y él mismo. Pero, aún más: por los avatares del argumento, demuestra que puede seguir dando clase en el medio del campo debajo de un árbol.

 

Sin embargo, hay otra forma de ser profesor que también deja fuera a las nuevas tecnologías. Es El Maestro de Escuela. Aquí, más que el propio aspirante parece ser el sistema, personalizado por el inspector, quien ignora o desprecia la más elemental metodología didáctica ni tecnología educativa, parece que sólo queda el "librillo que tiene cada maestrillo". Cuando un aspirante a maestro interino le pregunta acerca de cómo aprender a dar clase, le dice algo así como: "ya irá usted viendo, puede preguntar a sus compañeros..." Si en el caso anterior el profesor poseía un claro sentido de su función, un proyecto educativo, por usar la terminología de la LOGSE, aquí es el propio sistema el que muestra su degradación.

 

En segundo lugar nos referimos a la situación en la que las nuevas tecnologías han suplantado y absorbido al rol docente, caso para el cual hay dos películas muy significativas: En la primera, Todo en un día, el estudiante, un chico adolescente más diestro que el propio director del Centro, maneja toda la tecnología informática necesaria para engañar a todos los adultos responsables de su educación (familia y profesorado) y disfrutar de un magnífico día de "rabona" con su novia y su amigo. Al mismo tiempo consigue que el director haga el ridículo más espantoso y que sus padres parezcan un poco tontos y fácilmente engañables. Aunque es un mensaje agridulce, por lo mal parados que salen los adultos, queda totalmente eclipsado por la brutal ferocidad representada en el otro film, Curso del 99. Aquí la tecnología, en un alarde futurista, quizás no tan lejano, desbanca toda dimensión humana. El argumento muestra, como una anticipación del futuro, a un Sistema Educativo superado en el que ante la desbordada agresividad de la delincuencia juvenil en la educación secundaria, el FBI envía; a uno de los institutos más conflictivos, a tres profesores que son un intento experimental para acabar con la indisciplina. Se trata de tres robots con apariencia humana programados perfectamente para mantener el orden a toda costa... incluso matando al alumno rebelde, como llega a suceder.

 

Por último, consideraremos el caso en que el profesor utiliza positivamente las nuevas tecnologías en el desempeño de su rol, concediéndole su auténtica dimensión. Un intruso en Harvard es la historia de un brillante estudiante de doctorado al que se le borra del ordenador nada menos que ¡toda la tesis! y para colmo se le pierde el único ejemplar en papel que posee a la hora de ir a revisarla con su director. Este suceso da pretexto para que un mendigo, que encuentra el manuscrito, imparta lecciones de auténtica calidad de vida a nuestro atribulado estudiante. No obstante, al final la tesis vuelve a ser escrita en el ordenador porque la historia no puede volver atrás. Sin embargo, las máquinas, gracias a las lecciones del mendigo, se ponen en su sitio, es decir al servicio del ser humano y no sobre él. Por último en "Fatal atraction" el protagonista, profesor universitario, imparte su clase con todo el adecuado aparato tecnológico para terminar diciendo a su alumnado: "Todo esto está en los libros señalados menos el 10% que es lo que justifica mi presencia aquí" o sea, la más perfecta definición del docente en la Universidad.

 

Como una apretada síntesis de cuanto queda dicho pueden ser consideradas dos facetas fundamentales en la profesión del docente, la de experto y la de miembro de la institución social educativa. Ambas se van a ver cualitativa y cuantitativamente modificadas por la presencia de las nuevas tecnologías como se va a ver en estos días del Congreso, pero para terminar, sería interesante revisar brevemente algunos aspectos que desde nuestra perspectiva psicosocial son importantes en la relación que el profesorado establece con el mundo tecnológico:

 

a) La edad: tanto la edad laboral como la edad real tienen una relación importante con la actitud ante las nuevas tecnologías. Muchos años cumplidos en la acción profesional hace que existan ya inercias insalvables y junto a ello los muchos años de vida han influido en el "endurecimiento" de la capacidad de aprender. Igualmente el paso del tiempo aunque proporciona experiencia también genera una cierta dosis de escepticismo y desilusión que pueden ser muy dañinos a la hora de aproximarse a algo nuevo.

 

b) El tipo de interacción social dentro de los contextos educativos: La enseñanza formal y muy estructurada, bien desde un punto de vista administrativo o bien por otras presiones como masificación o planes de estudios muy sobrecargados no favorece la libre flexibilidad y la creatividad necesaria para integrar algo nuevo, vivo e interactivo como son las nuevas tecnologías.

Quizás pueda ser más fácil en las enseñanzas no formales y en estilos más tutoriales y poco estructurados. Seguramente es otro de los campos a investigar.

 

c) Los efectos esperados: No es seguro que lo que quieren lograr los profesores tenga mucho que ver con la utilización de nuevas tecnologías. O al menos muchos de los profesores no lo tienen nada claro. De hecho, la definición de los objetivos de la educación no presuponen la imbricación de estos objetivos con determinados instrumentos ni metodologías.

 

d) La percepción de las expectativas: De forma simétrica, parece que la sociedad no espera gran cosa de los profesores en cuanto a la utilización de nuevas tecnologías. Especialmente en los niveles primarios y medios. Por otra parte los niños y adolescentes más bien que necesitar aprenderlas parece que nacen con el manual de instrucciones aprendido... las manejan, hablan en su idioma, en una palabra, interactúan con ellas sin ninguna inhibición. Y encima, las convierten en sus juguetes.

 

e) Las posiciones personales de los docentes: Éste es el más importante de los factores que influirán sobre la utilización correcta y efectiva de las nuevas tecnologías en la educación.

El pesimismo debe ser citado en primer lugar. Hoy son bien conocidas las patologías profesionales que se concentran bajo el nombre genérico de "malestar docente". No es éste el lugar ni el momento de extendernos sobre este tema, pero sí hay que señalarlo por su gravedad. Nos remitimos a la gran cantidad de estudios que hay sobre él entre los que destacan por su calidad los dirigidos por el Dr. Esteve Zarazaga en la Universidad de Málaga.

Casi igual de peligroso es el neutralismo, la actitud de indiferencia. El profesor al que le da lo mismo, que no tiene interés es difícilmente conmovible. Se ha instalado en una cómoda inercia de la que va a ser difícil sacarle.

Por último mencionaremos la posición optimista. Es evidentemente la más positiva y la que ayuda mejor al acercamiento de los docentes a la oferta de las nuevas tecnologías. hay que hacer, no obstante una salvedad, la del exceso de confianza, el atrevimiento temerario que pueden frustrar muchas buenas disposiciones.

 

 

3. El profesor al fin protagonista... gracias a las nuevas tecnologías

 

En uno de nuestros trabajos sobre la profesión docente hemos encontrado (Loscertales, 1987) que las aptitudes y habilidades del docente podrían estructurarse ante todo:

 

a) En relación con una preparación didáctica abierta y flexible ya que en el tratamiento de los saberes debe tenerse en cuenta por una parte la estructura noética del objeto de la ciencia y por otra la especial capacidad cognoscitiva de los alumnos en tanto que sujetos de conocimiento.

 

b) En segundo lugar se precisaría la posesión de abundantes recursos metodológicos y materiales. Es el caso de las nuevas tecnologías que exigen nuevas destrezas y una exigente preparación específica.

 

c) Y, junto a todo ello, habilidades sociales y estrategias de solución de problemas; de los numerosos y a veces insospechados problemas a los que el docente debe enfrentarse continuamente: epistemológicos, científicos y sociales. Este tercer tipo de destrezas podría ser definido como capacidades socioafectivas de amplio espectro.

 

Después de haber observado al profesorado actual, sus dimensiones psicosociales y las posibles consecuencias de su relación con las nuevas tecnologías sólo nos queda ofrecer una sencilla conclusión o mejor una propuesta alternativa: La de que se pueden considerar las nuevas tecnologías desde una perspectiva también nueva: la de ser un instrumento liberador. Porque si se utilizan en todo el amplio abanico de sus posibilidades y sin perder de vista los objetivos educativos, los medios tecnológicos van a cumplir, efectivamente una función "mediadora y facilitadora". Y gracias a esa función el profesor será más libre y se podrá dedicar a la verdadera acción docente: la de relacionarse con sus alumnos en el nivel más humano, más profundo y formativo, de persona a persona.

 

Creo firmemente que las nuevas tecnologías utilizadas racionalmente darán pie a una formación humana más flexible, coherente y autónoma porque actualmente se desea un sistema integralmente abierto. Al carácter selectivo tan acusado en todo el sistema escolar tradicional habrá de suceder una orientación flexible, siempre ágil y provisional; una formación que nunca se considere definitiva donde siempre haya nuevas herramientas para el aprendizaje y el trabajo creativo.

 

A este respecto, Mayor Zaragoza dijo en Granada en diciembre del año pasado, que "los vertiginosos cambios tecnológicos y económicos de nuestra época han hecho que el aprendizaje a lo largo de toda la vida haya dejado de ser un lujo para convertirse en una necesidad básica".

Y de esta forma el impacto de las nuevas tecnologías en los docentes (y en sus alumnos, que se ven involucrados en los mismos procesos) hará modificar en muchos sentidos la comprensión de la función educativa en relación con unos roles tradicionales que se les quedan ya estrechos.

 

No es difícil identificar los motivos de esta ampliación del significado de la palabra "docente". Por ejemplo, una razón fundamental es la forma en que se espera que el aprendizaje basado en gran parte en nuevas tecnologías se vaya prolongando cada vez más, incluso durante la edad adulta, y siendo más autónomo.

El docente será cada vez más un facilitador, un orientador de trabajos y de líneas formativas y, recordando de nuevo a los mitos, el auténtico mentor que acompañará (amigo y guía) al alumnado en su camino de formación, un camino que él debe recorrer activa y libremente.

 

Los medios son eso, medios; nunca fines en sí mismos. Si se reflexiona acerca de la diferencia entre instruir y educar podremos encontrar su correcta posición. Son instrumentos para la instrucción mientras que los docentes somos los agentes y facilitadores de la educación y la formación humanas.

Los profesores vamos a ser, en fin, un elemento clave en el proceso educativo, ese diálogo a múltiples bandas en los que otro de los principales interlocutores será el conjunto de nuevas tecnologías puestas, junto a nosotros, al servicio de esa loca tarea, en la que nos empeñamos cada día, de ayudar a nuestros alumnos a ser y a crecer.

 

Referencias

 

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