as decisiones en relación a la metodología didáctica que puedan adoptarse en el PCC están estrechamente  vinculadas con las decisiones y criterios que el centro adopte en relación a la utilización y organización del espacio y el tiempo, así como en relación a la selección de materiales curriculares y otros recursos didácticos. Ello es así, por un lado, en el sentido de que los aspectos organizativos son necesarios para el desarrollo de las propuestas metodológicas. Si se adopta como criterio metodológico, pongamos por caso, el trabajo por rincones como uno de los instrumentos metodológicos esenciales del centro en la Educación Infantil, serán necesarias determinadas adaptaciones del espacio en las aulas, un tipo y volumen determinado de materiales disponibles, una cierta organización del tiempo... como condiciones para el desarrollo de ese criterio; de la misma manera, si se adopta un enfoque globalizado por proyectos de trabajo, serán igualmente necesarias modificaciones específicas en cada uno de esos aspectos, sin las cuales la decisión metodológica difícilmente llegará a tener efectividad práctica.

Por otro lado, esta relación entre aspectos metodológicos y organizativos se amplia también en el sentido de que la estructuración que se haga globalmente del espacio, el tiempo y los recursos en el centro transmite, en sí misma, una cierta manera de entender la enseñanza y el aprendizaje. Un aula con treinta sillas fijas ordenadas en hileras mirando a una pizarra montada sobre una tarima de medio metro de alto, y un aula estructurada en zonas de trabajo para grupos de 5-6 alumnos con un espacio más amplio que puede ser habilitado para puestas en común y otro más pequeño para la discusión; o un aula en la que el único material curricular es el libro de texto que se guarda en el cajón de cada alumno, y otra en que el material consiste en una diversidad de libros, obras de referencia, folletos, maquetas, materiales audiovisuales... de uso común, situados en estantes o armarios, y cuyo acceso y utilización es cogestionado por el profesor y los alumnos, no transmiten, obviamente, las mismas ideas sobre el aprendizaje ni sobre el saber. Y lo mismo ocurre en relación a múltiples dimensiones organizativas, como los espacios de uso común —especializados o polivalentes—, los módulos horarios, las formas de agrupamiento de los alumnos, la presencia del entorno en la escuela, las salidas, etc. 

Las decisiones organizativas se constituyen a la vez en condiciones de posibilidad para el desarrollo de una determinada concepción de la enseñanza y el aprendizaje, y en formas de concreción de esa concepción. En este sentido, y desde una concepción de la enseñanza y el aprendizaje que señala la necesidad de ajuste de la intervención educativa a los alumnos como principio básico, y que apunta a la flexibilidad y la variedad metodológica como elementos clave para lograr ese ajuste, cabe señalar que el avance hacia formas de organización flexibles y diversas pasa a convertirse en un elemento fundamental para un adecuado desarrollo de la enseñanza. Así, cuanto más se tengan en cuenta criterios de flexibilidad, variedad y adaptabilidad en el nivel de las decisiones organizativas, más fácil resultará llevar adelante propuestas y planes de innovación metodológica que puedan a su vez contrastarse, analizarse y eventualmente modificarse a partir de la reflexión sobre la práctica, y que puedan además servir al principio general de facilitar ayudas lo más ajustadas posibles a los distintos alumnos.