IFICULTADES EN LA TOMA DE DECISIONES

Cuando se alude a la toma de decisiones sobre aspectos metodológicos en ámbitos más generales que la programación o el diseño de Unidades Didácticas, hay que tener en cuenta que, en muchos casos, la facilidad con la que pueden tomarse (o tal vez habría que decir reflejarse en el Proyecto Curricular) algunas de estas decisiones no se corresponde con una similar facilidad para llevarlas a la práctica. El hiato que a veces se produce entre los grandes principios y la realidad del trabajo en las aulas se manifiesta con particular intensidad en este capítulo de las propuestas curriculares.

En efecto, cuando se establecen los objetivos y contenidos de la enseñanza y se formulan los criterios de evaluación, cabe pensar que, sin menoscabo de la lógica flexibilidad que ha de guiar después la práctica docente, las decisiones tomadas van a encuadrar con relativa exactitud el trabajo que ha de realizarse. De igual forma, cuando se opta por determinadas estrategias organizativas -de espacios, de recursos, de profesores, de alumnos-, es usual que estas opciones sean las que, con pocas variaciones, presidan la intervención posterior.

No siempre ocurre lo mismo, en cambio, con las decisiones sobre metodología, y muy especialmente con las que aluden a los principios generales de la intervención didáctica. 

Son tres, a nuestro entender, las razones principales de esta posible desconexión: 

- La primera es que no siempre las decisiones metodológicas son suficientemente debatidas y consensuadas antes de que sean reflejadas en el Proyecto Curricular.

-  La segunda es que no siempre son claras. La tendencia a expresar las decisiones en forma de grandes (y por lo general algo tópicos) principios, les resta opera­tividad. 

 - La tercera, bastante más delicada de formular, viene a ser que la idea de que, en el fondo, cada maestrillo tiene su librillo, está todavía muy arraigada en un sector amplio del profesorado. 

La confluencia de estas tres circunstancias puede hacer que, en algunos casos, definir una serie de opcio­nes metodológicas que intenten contemplar la diversi­dad de los alumnos y responder a sus necesidades y a sus formas particulares de desarrollar sus aprendizajes, re­sulte un trámite relativamente fácil de pasar e igualmente sencillo de olvidar.  

NECESIDAD Y SENTIDO DE LAS DECISIONES

SOBRE CÓMO ENSEÑAR  

La importancia de que en las escuelas se produzca un debate sobre cómo enseñar responde a la necesidad de asegurar, por todos los medios educativos a nuestro alcance, que el alumnado recibe la ayuda que necesita para aprender de modo significativo los contenidos escolares, y para desarrollar, en consecuencia, las capacidades definidas en los objetivos del PCC. Para ello debe existir una actuación coherente y coordinada del profesorado, vertebrada en torno a determinados principios psicopedagógicos. En este sentido, la finalidad del debate es tanto eliminar la posibilidad de que las decisiones sobre cómo enseñar sean contradictorias con el resto de las decisiones curriculares tomadas en el centro (objetivos, contenidos, secuenciación de los contenidos, criterios de evaluación), como evitar que coexistan enfoques metodológicos opuestos o contradictorios entre sí.